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De la inspiración a la obra terminada: Cómo el artista llega a buen puerto

De la inspiración a la obra terminada: Cómo el artista llega a buen puerto

El proceso creativo es un universo de posibilidades. Difiere entre artistas e incluso dentro del cuerpo de trabajo de un mismo creador. Y es que es un proceso tan personal y complejo que comienza antes de que el artista siquiera pise su taller. Grandes temas de actualidad, observaciones sobre la vida cotidiana, estados psicológicos, emociones y sentimientos, experiencias pasadas y referentes estéticos. Todos o algunos de estos factores se conjugan en un momento y lugar precisos para dar paso a la creación.

El artista opera como un detective que se va interrogando y contestando sobre la obra en la que trabaja. Va buscando pistas en el camino y volviendo sobre sus pasos cuando algo no encaja, hasta que finalmente, de alguna manera, sabe que la obra está cerrada. En este proceso, tan lleno de altos como de bajos, una sola pregunta podría resumirlo todo: “¿Qué quiere decir esta obra?”. A veces se trata de algo más sencillo de lo que parece o la interpretación es completamente libre. Otras, múltiples capas y lecturas desafían a mirar más allá.

Simón Sepúlveda, Andrés “Titi” Gana y Andrea Lira, artistas de Sugart, sí coinciden en una cosa: la materia prima del artista es su curiosidad por las cosas del día a día.

“El interés y los temas a abordar en mi obra los encuentro en la realidad, lo cotidiano, la coyuntura socio-política y mis experiencias personales. A partir de eso, desarrollo y experimento en diferentes formatos”, dice Simón Sepúlveda (1989), cuyo trabajo abarca el diseño gráfico, la dirección de arte, la ilustración, el motion graphic y los textiles.

Algo parecido le sucede a Andrés “Titi” Gana (1950), para quien “la inspiración viene de la propia vida y de las ganas que dan de proporcionarle un gusto, una sonrisa, una sorpresa a algún amigo”. Y como esta llega sin avisar, el pintor prefiere que lo encuentre con las pinturas y pinceles a la mano.





“La gente crea arte porque es, sencillamente, la mejor manera de pasar el tiempo, cuando lo tenemos enteramente a nuestra disposición. En la época de las cavernas pintábamos muros para dejar constancia de que habíamos existido, como los enamorados cuando graban en un árbol su corazón”, añade Gana.

La artista visual Andrea Lira (1981), en tanto, apunta: “Para mí hacer arte es logar un paralelo visual entre lo que estoy viviendo y sintiendo, sea la incertidumbre, maternidad o lo que fuere. De ahí puede tomar formas muy abstractas o llegar hasta lo figurativo”.

Lira cuenta que lo que más le inspira es salir, pasear y observar las flores, hojas y piedras que va encontrando en el camino. Luego traslada estos hallazgos a su taller, donde pone a dialogar lo que ella llama “los diferentes lenguajes de la naturaleza”. A veces, la materia es la obra en sí misma; otras, la mezcla, creando así un pigmento que termina ganando más protagonismo que el dibujo que se había planteado hacer en un principio.

“Me interesa nutrirme de la energía de la naturaleza, el entorno y las personas, y traducirlo en otro tipo de naturaleza, que son las obras”, agrega Lira.

El arte, mediador entre mundos

De admirar la naturaleza podríamos aprender de los pueblos originarios, quienes desde tiempos inmemoriales han creado las más hermosas piezas a partir de ella, como parte de una rica cosmovisión que se mantiene ajena a las consideraciones artísticas occidentales.

Los artistas de nuestro mundo, sin embargo, han logrado llevar la majestuosidad de la naturaleza al lienzo. Sean parte de escenarios reales o imaginados, directamente observados o recordados, cielos, montañas, árboles y ríos conforman una red de vida que está en el corazón del género del paisaje. Mención aparte tiene el paisaje onírico, originado en el inconsciente, que tan profundamente interesó a los surrealistas.

El arte también nos muestra y comenta la historia de las personas de carne y hueso. De las guerras y conflictos, de la realeza, clase alta o intelectualidad, del ir y venir de las personas comunes y de aquellos al margen de la sociedad. A través de escenas y retratos, nos ha sido permitido sumergirnos en mundos tan distintos como distantes. Por otro lado, el arte también nos ha expuesto a los símbolos que viven dentro nuestro imaginario; personajes y eventos de la mitología, religión y literatura entre ellos.

Con la llegada de la fotografía, la pintura pasa de representar la realidad a interpretarla, lo que obliga a mirar y pensar las cosas con nuevos ojos. Este fue el gran aporte de los impresionistas, quienes sobre todo se preocuparon de la luz y atmósfera que creaban. La irrupción del arte abstracto, en tanto, conduce a la experimentación con elementos como el color, la forma y la línea, poniendo en un primer plano los problemas del mismo arte.

Pero fuera de la teoría e historia del arte, cualquiera que sea el lugar de donde provenga la chispa creadora, el medio o expresión artística, el proceso de creación, el motivo que se busca plasmar o la intención detrás de la obra, el artista trasciende fronteras y tiempos. El arte, en tanto lenguaje universal, nos impulsa a reflexionar, encontrarnos y dialogar como muy pocas cosas pueden hacerlo en estos tiempos tan complejos. Y más todavía, nos acerca y conecta con nuevos mundos. Mundos que, esperemos, sirvan de espejo de lo que hoy nos urge cambiar.

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